LA GUERRA FRÍA

Tras la última comparecencia de Mikhail Sergeyevich Gorbachev en la noche del 25 de diciembre de 1991, terminaba uno de los periodos más decisivos de la Historia reciente. El final de la Guerra Fría no sólo fue el primer paso hacia un mundo globalizado y multipolar, sino que se convirtió en objeto de reflexión para muchos investigadores.

Aún así, ¿Qué sabemos en realidad? ¿Somos capaces de establecer un relato nítido de aquellos turbulentos años? Álvaro Lozano (Roma, 1967) y la Editorial Melusina vienen a refrescar nuestra memoria colectiva, en un momento en el que la rivalidad entre Oriente y Occidente vuelve a ser noticia.

Dirigido al gran público y con 228 páginas de extensión, la obra de Lozano se construye gracias a la intersección de varias capas de información. En un primer lugar cabe destacar lo más obvio, el compendio de sucesos que desde 1945, o incluso 1917, fueron dando forma a la escena internacional. Como viene siendo habitual en el autor, su talento narrativo es capaz de lograr transiciones inverosímiles entre acontecimientos, fechas y lugares aparentemente inconexos. De La Habana a Hanoi, de Berlín a Kabul, Lozano zurce una partitura imposible de quebrar. Pero las virtudes de “La Guerra Fría” no terminan aquí. Existe un segundo nivel más laborioso, y que no deja de sorprender en una síntesis de esta naturaleza. En los dos primeros capítulos prima el análisis casi psicológico de las grandes potencias, dos proyectos condenados a colisionar por su vocación universalista. Para ilustrar tan peculiar atracción se vale de una detallada exposición de precedentes, escuelas de pensamiento e incluso rasgos característicos de sus principales líderes, a los que es capaz de contraponer en sus convicciones más profundas. No faltan las referencias a Woodrow Wilson, Vladimir Lenin, Harry Truman o Iosif Stalin entre otros. Al mismo tiempo logra centrar nuestra atención en eventos y personalidades aparentemente secundarios, como sucede en el capítulo cuarto. Allí conoceremos algo más sobre la Ostpolitik de Willy Brandt, el aislacionismo de España, la Conferencia de Bandung, o la difícil sintonía entre Charles De Gaulle y la política norteamericana. Poco apoco se hace evidente que “La Guerra Fría” no se apoya en una enumeración superficial de efemérides, pues contiene una cuidada estratificación de secuencias.

Cuando el hilo cronológico parece llegar a su fin con la disolución de la Unión Soviética, el libro de Lozano continúa. En el capítulo sexto nos aguardan las claves de un proceso histórico, que han podido quedar diluidas tras una primera lectura. Se trata de un repaso conciso y pedagógico de aspectos relevantes: la bipolaridad del conflicto, la proliferación de armas nucleares, el papel de la ONU, el Pacto de Varsovia,.. Además, las referencias culturales que aquí pueden observarse merecen una atención especial. Como parte de un conflicto político-ideológico, se hacen notar los aspectos más insospechados de una pugna sin límites. Figuras del pensamiento moderno como Sir Thomas Hobbes o Bertrand Russel se convertirán en narradores ocasionales de esta historia. Tampoco faltarán las estrellas del cine, Orson Wells y Willy Wilder tienen su particular protagonismo en la recta final. Aquella lucha entre dos concepciones del mundo, no ahorró esfuerzos para vencer y convencer. Pero el autor nos advierte de que “ambos bloques bloques utilizaron un lenguaje maniqueo y simplista”. En efecto, la pasión narrativa no es obstáculo para señalar los puntos más negativos de aquel tiempo tumultuoso. Las víctimas de tantos desmanes tienen su lugar en el libro, así como la decepción provocada tras la caída del Telón de Acero en la Europa del este. Desprovisto de sesgo alguno, es recomendable dejarse llevar por la fuerza moral y expositiva de Lozano. En el último capítulo nos aguarda una reflexión que, como ocurre en el resto del libro, requiere de la participación indispensable del lector para ser resuelta.

Una lectura para neófitos y un descubrimiento para los ya iniciados, una obra de consulta y un estímulo a la investigación, ¿Cuántas caras esconde “La Guerra Fría”? Su lectura puede ser lineal pero al mismo tiempo selectiva, ya que en cada epígrafe se esconde información capaz de despertar la inquietud de quien se acercó sólo por curiosidad. De una cosa puedes estar seguro/a, es un libro que abrirás una y otra vez.

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